Estudios Sociales

Colección de Estudios Sociales:

Volumen 25: La formación profesional en España. Hacia la sociedad del conocimiento.

Autor: Oriol Homs.

El objetivo del presente estudio es ofrecer un análisis del sistema de formación profesional español, identificando sus principales características así como los retos a los que tendrá que afrontarse en un futuro inmediato.

El autor examina el proceso de transición hacia un sistema de formación profesional moderno, concebido como vía de especialización profesional, tanto de los jóvenes antes de incorporarse al mercado laboral (formación profesional inicial) como de los trabajadores activos o desempleados que necesiten actualizar sus conocimientos y habilidades (formación profesional para el empleo).

Este análisis es especialmente oportuno en un momento como el actual, en el que la aparición de la denominada «sociedad del conocimiento», la integración en mercados globales y la transformación de los modelos productivos suponen nuevos desafíos. En este sentido, el sistema de formación profesional tendrá que abordar aspectos como la adaptación a un aprendizaje de competencias o la integración de una formación a lo largo de la vida.

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Resumen del volumen 25: La formación profesional en España. Hacia la sociedad del conocimiento

El estudio ofrece un análisis del proceso de transición hacia un sistema de formación profesional moderno, concebido como vía de especialización, tanto de los jóvenes antes de incorporarse al mercado laboral (formación profesional inicial) como de los trabajadores activos o desempleados que necesiten actualizar sus conocimientos y habilidades (formación profesional para el empleo).

Se pueden identificar en el sistema de formación profesional una serie de características positivas, pero también algunas debilidades y aspectos que es preciso mejorar.

Entre los puntos fuertes del sistema de formación profesional se encuentran los siguientes:

  • - El acceso a la formación profesional inicial requiere la obtención previa del Graduado en Educación Secundaria Obligatoria (ESO), que supone un nivel mínimo de entrada.
  • - Las prácticas en empresas como contenido obligatorio han contribuido a mejorar la relación entre centros de formación y empresas, y a facilitar la inserción laboral de los jóvenes titulados en formación profesional.
  • - Un número importante de jóvenes accede a los ciclos superiores de formación profesional, una parte de los cuales continúan sus estudios hasta la universidad. En el curso 2004-2005, el 8,3% de los estudiantes matriculados en la universidad procedían de estos ciclos superiores.
  • - En los últimos años se ha producido una mayor incorporación de mujeres en la formación profesional inicial. Si en el curso 2000-2001 el 46% de los estudiantes matriculados eran mujeres, este porcentaje se elevó al 49% en el curso 2006-2007. En los ciclos superiores, el número de mujeres incluso supera, en términos absolutos, al número de hombres: en el curso 2007-2008 las mujeres han representado, frente a los hombres, el 51% de las matriculaciones.
  • - La formación profesional para el empleo –aunque apareció de manera tardía y muy ligada a la entrada en la Comunidad Económica Europea y el acceso a sus fondos– ha evolucionado de manera muy rápida y hoy es homologable a los modelos europeos. En este tiempo se ha extendido el valor de la formación entre las empresas y los trabajadores, tanto ocupados como desempleados.

Por el contrario, en el estudio también se señalan algunos puntos débiles, entre los que destacan los siguientes:

  • - España tiene uno de los peores indicadores de abandono prematuro del sistema educativo. En 2007, el 31% de los jóvenes entre 18 y 24 años no había conseguido obtener el Graduado de la ESO ni continuaba estudiando, cuando en el conjunto de la Unión Europea ese porcentaje sólo llegaba al 14,8%. Esto priva a la formación profesional inicial de un importante contingente de posibles candidatos para acceder a ella, a la vez que implica que durante años miles de jóvenes han abandonado el sistema educativo sin ninguna cualificación ni preparación para el mercado de trabajo.
  • - El mercado de trabajo en España se caracteriza por unas altas tasas históricas de desempleo, cambios bruscos de ciclo económico y ciertas carencias en cuanto a la cualificación de los trabajadores. En concreto, mientras que en Europa, como promedio, el 49% de la población ocupada tiene una cualificación profesional intermedia, en España este porcentaje sólo alcanza el 23,1%. En contraste, los niveles bajos de cualificación resultan mucho más altos en España (42,4%) que en Europa (23,2%), así como también lo son los niveles superiores (34,5% frente a 27,8%).
  • - Muchos trabajadores altamente cualificados trabajan en puestos por debajo de su cualificación, o incluso están inactivos o desempleados. El escaso número de personas cualificadas en el mercado de trabajo corresponde también a una débil demanda de cualificación por parte de las empresas, con lo cual se ha producido históricamente un proceso de mutua adaptación a la baja entre sistema formativo y sistema productivo. La especialización del trabajador se lleva a cabo en la propia empresa, pero en muchas ocasiones resulta muy específica y poco generalizable, cosa que perjudica la movilidad del trabajador en el mercado de trabajo.

Por consiguiente, la integración y articulación entre el subsistema de formación inicial y el de formación para la ocupación es complicada, en parte debido a factores como los siguientes:

  • - La doble dependencia de la formación profesional: mientras que la formación inicial depende del Ministerio de Educación, Política Social y Deporte, la formación para el empleo lo hace del Ministerio de Trabajo e Inmigración. Esta dicotomía se reproduce en las comunidades autónomas, en las que las consejerías de educación y de trabajo se dividen el sistema de formación profesional.
  • - La dificultad de articular un sistema central compatible con la descentralización que supone la transferencia de competencias en esta materia a las autonomías y la falta de consenso entre ambos terrenos administrativos (central y autonómico). La descentralización tiene implicaciones muy positivas, entre las que destaca su mayor adaptabilidad a mercados de trabajo y circunstancias locales, pero si no existe coordinación se puede llegar a una cierta dispersión del sistema y a la duplicidad de instituciones y funciones.
  • - Cierta tendencia a que la formación se oriente a la transmisión de conocimientos (muchas veces teóricos) y no tanto al entrenamiento de destrezas, habilidades y actitudes profesionales. Esta característica dificulta la implantación de una formación basada en competencias.
  • - Presencia de las mujeres en familias profesionales concretas. Tres de estas familias (sanidad, administración e imagen) agrupan el 74% de las alumnas que cursan ciclos formativos de grado medio. Esta diferenciación por sexos en la formación es mayor que la que se observa en el mercado de trabajo.
  • - Los programas formativos para trabajadores empleados, aunque llegan a muchas empresas, lo hacen de manera desequilibrada en función de su tamaño. Mientras que en las empresas de menos de 10 trabajadores las tasas de acceso a estos programas no llegan ni al 8%, entre las de más de 500 trabajadores esa tasa supera el 75%.

La superación de estas limitaciones es especialmente importante en un momento como el actual, en que la aparición de la denominada "sociedad del conocimiento", la integración en mercados globales y la transformación de los modelos productivos suponen nuevos desafíos. En este sentido, el sistema de formación profesional tiene que abordar aspectos como la implantación de una formación basada en competencias y la generalización de un modelo de formación continua. Entre los desafíos que plantea este tipo de formación en los próximos años se encuentra cómo acreditar las competencias de aquellos trabajadores que no disponen de una titulación académica, pero que sí cuentan con un gran bagaje de experiencia profesional.

De igual modo, el estudio propone una serie de iniciativas que se agrupan en cuatro grandes bloques: las dirigidas a mejorar el nivel de cualificación en el mercado de trabajo, las tendentes a potenciar la formación en la sociedad del conocimiento, las relacionadas con la mejora de la gobernanza del sistema y, por último, las que se derivan de la consecución de un nuevo acuerdo global para la formación y la cualificación.